Coincidencias, literalmente

Uno ya no sabe si las cosas pasan como pasan o es que se invocan mientras duermes.

Hace unos días Carmen Merino, una amiga antigua, compañera de la EOI de San Roque y gaditana, me mandó este mensaje por fb.

Hola Jesús Carlos, que tal todo?
La semana pasada estuve hablando con la escuela, concretamente con Manuela.¿ Te acuerdas de ella? Creo recordarla, ¿no trabajaba en Turismo de Algeciras? Dice que hacía yoga contigo. En fin, le pregunté por Pedro y me contó que falleció en Diciembre. Parece que estaba a la espera de un transplante de hígado que nunca llegó. Me quedé a cuadros, no me lo esperaba. Te llamé al móvil pero no insistí mucho por si estabas ocupado.
Bueno, sólo quería que lo supieras. Hablamos de nuevo. Un beso

Esto me lo escribió el mismo día en que empecé a leer “Hablar solos” , una novela de Andrés Neuman en la que un padre emprende un viaje en un camión con su hijo de diez años y dejan a la madre en casa. Ella es profesora de Literatura. El padre es transportista y padece una enfermedad terminal y este es su último viaje, cosa que uno no sabe hasta que avanza en la lectura del libro. Los tres hablan solos, efectivamente, y la madre comenta que no existe una literatura que hable de la enfermedad desde el puro punto de vista material del enfermo. Acabé la novela el domingo pasado. Transcurre en Argentina.

El lunes estoy en La Puerta de Tanhäuser tomando un vino y esperando que Celia y Mª Luisa salgan de la recepción a los profesores jubilados del 2012 que da el Ayuntamiento de Plasencia, cojo un libro de relatos de Roberto Bolaños “El gaucho insufrible” y, cuando lo abro, lo primero que leo hacia el final del libro es este párrafo en el que el autor enfermo asiste a unas pruebas con una doctora japonesa:

“Le pregunté por las posibilidades de éxito de un trasplante de hígado. Muchas posibilidades, dijo. ¿Qué tanto por ciento?, dije yo. Sesenta pol ciento, dijo ella. Joder, dije yo, es muy poco. En política es mayolía absoluta, dijo ella”.

A mi lado, en la barra, solamente hay otro cliente, un chico joven que nada más llegar comenzó a hablar familiarmente con la camarera de Paganini y de su enfermedad, el síndrome de Marfan, que produce en alargamiento notable de las extremidades. La acromegalia también produce ese alargamiento pero se produce en adultos, dice el chico. Ella es aún más joven que él. Llevan la conversación de la manera más natural.

Mientras, la extraña voz de Sting llena suavemente todo el local “on and on the rain will say how fragile we are”. En la calle cae una lluvia fina que no ha parado desde el sábado. Como un llanto callado del cielo.

Perdona, llamo a la camarera. Dime, cariño, me contesta. Ponme otro Ribera y cóbrame además el libro, le digo. Y retomo la lectura.

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