El sueño del pez

“Todo se origina por azar y necesidad”

Dicen que hace 2500 años, un tal Demócrito de Abdera largó esta frase tan preñada de sabiduría como si estuviera viendo un TAC del universo.

Este visionario, este sonámbulo, como lo llamaba A. Koestler, también dio el nombre de ‘átomo’a la unidad indivisible, último constituyente de la materia, unidad en la que hoy en día la física cuántica ve mundos de partículas ultrahipermegainfintamente diminutas, siempre sometidas a frenética e impredecible actividad energética, a cuyo lado las turbulencias de la vida que percibimos parecerían un lago transparente de alta montaña.

¿A qué se refería Demócrito con su frase? Probablemente a que no hay en la naturaleza un propósito determinado, no hay un fin para cada cosa, sino que todo ocurre por la casualidad, pero también porque existe la necesidad del hecho, porque el hecho se produce solo bajo esas condiciones bien determinadas. Sin el azar y la necesidad nada existe.

Al respecto, en 1970, el premio Nobel de Medicina y Fisiología, el doctor Jacques Monod, en un librito científico titulado precisamente

El azar y la necesidad

dice que en la naturaleza se producen mutaciones infinitas y, sin embargo, no se produce mutabilidad en las especies que se mantienen invariables durante millones de años, hasta que en un momento determinado uno de esos cambios produce una mutación significativa. Según él, eso ocurre porque la estructura de la materia es teleonómica, o sea, tiene un propósito, una finalidad que es la que determina su evolución.

Para Monod hay dos principios básicos en los seres vivos: la teleonomía y la invariabilidad reproductiva, la segunda es la que conserva las especies y, combinada con la primera, hacen que un cambio ocurrido al azar, y sólo ese cambio entre millones, signifique una mutación en las especies.

He aquí un fragmento de ese libro de Jacques Monod

Si los vertebrados tetrápodos han aparecido y han podido dar la maravillosa expansión que representan los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos, es porque en el origen, un pez primitivo “eligió” el ir a explorar la tierra donde no podía, sin embargo, desplazarse más que saltando dificultosamente.
El creó así, como consecuencia de una modificación del comportamiento, la presión de selección que debía dar lugar al desarrollo de los poderosos miembros de los tetrápodos.
Entre los descendientes de este explorador audaz, este Magallanes de la evolución, algunos pueden correr a más de 70 kms por hora, otros trepan a los árboles con sorprendente agilidad, otros, en fin, han conquistado el aire , cumpliendo, prolongando , amplificando de modo prodigioso el “sueño” del pez ancestral”.

Y ojalá ocurra lo mismo con los sueños de justicia, de igualdad política y de fraternidad de los humanos.

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