De un poema y de cómo se empezó al borde de la playa, en la ciudad de Tanga, y se acabó en el aeropuerto de Dar es Salam

La ciudad de Arusha, la ciudad de donde parten todas las rutas de los safaris del norte de Tanzania hasta el lago Victoria y las que enlazan con Kenia; la ciudad donde se hace la Declaración de buenas prácticas de liderazgo, propuesta por el ensalzado presidente Julius Nyerere; la ciudad que se asienta a las faldas del legendario monte Mehru y sus yacimientos de tanzanita, y da vistas al indescriptible Kilimanjaro…

Acabados nuestros recorridos por el lago Manyara, Serengeti y Nrongoro, nuestra primera etapa tanzana, partimos de allí a las seis de la mañana en un descabellado viaje de ocho horas en autobús, que en otra ocasión describiré con detenimiento y que nos deja en la ciudad costera de Tanga.

Después de desparramarnos bajo las duchas del hotel de Tanga, los diez miembros de la expedición pasamos la tarde en la playa. Luego de todo el polvo de los caminos, primer baño en el Índico, una balsa cálida al atardecer en la que se flota sin esfuerzo.

Tras el baño, todos estamos relajados, hablando o en silencio, plenamente satisfechos de haber acabado el viaje en autobús y tener nuestros huesos en su sitio, y nuestro equipaje y nuestro sentimiento de grupo. Nadie fuma, pero yo llevo un paquete de Marlboro tanzano y cerillas. Un cigarrito, otro que pide Cati. Propongo encender una cerilla y decir cada uno un verso, una frase… cursilada a la que todos se prestan con ligeras reticencias de LuisMa, no vaya a reblandecerse en su camino a la coronación como guerrero masai. Curiosamente el masai Manolo está encantado con el juego. Cuando leo mis versos Nuria dice, “eso explícalo ahora, que no hay quien lo entienda”. Copio los versos de cada uno y los míos propios. Los chicos de la expedición se van a jugar un partido playero con un montón de negros musculosos, hiperactivos y atléticos. Las chicas miran.

Escribo mientras oigo las carreras en la arena, las patadas al balón, los gritos de gol, cuando los hay, y a los negros llamar a mis amigos “musungwu, musungwu” o “masai, masai”, y de vez en cuando gritar “ngalia, ngalia (mira, mira)” “karibu, karibu, (cerca, cerca), palabras que de tanto oír a los Rangers de los safaris intercambiar por los walkies he podido aprender del swajili… y también oigo a Marta vocear por el teléfono “¡Apana Manolo, mama. Apana Manolo!! ¡No Manolo, mama! (la madre del masai Manolo no habla más que el ma, la lengua de los masais, ni swajili siquiera, y a Marta le resulta imposible decirle que Manolo no se pone al teléfono, porque juega al fútbol).

La playa va quedando a oscuras y uno de los jugadores negros retira la portería para acabar el partido, sin que nadie meta un gol de último segundo…

Ahí escribí el poema

Días después, la última mañana de nuestro viaje, Celia y yo llegamos al aeropuerto Julius Nyerere de Dar es Salam en el coche de Hamidi, el taxista que nos recogió el día anterior en el muelle, a la llegada de Zanzíbar, un tipo legal, cumplidor y respetuoso que después de contarnos que ha habido un accidente horrible la noche anterior en un cruce por el que pasamos, y que la gasolina es carísima ( un Euro/litro de gasoil, un disparate en Tanzania), y que sus líderes no aman a su pueblo, ( the same everywhere, we don’t need such leaders, le digo) no duda en descojonarse de mí unos diez minutos cuando me dice, en inglés, que es fan del Barça y le replico que yo soy del Madrid, “Messi, Messi, Xavi Hernández, Iniesta, Pujol…”  dice, mientras mueve la mano izquierda haciendo el jodido ademán del tiquitaca, hasta que le corto el vacilón diciéndole que tengo ocho amigos que llegan de Zanzíbar en el barco dentro de dos horas y, qué pena, no van a caber en su coche, que es un Toyota sedán, y que además llevan mucho equipaje. “I have another car much bigger, my friend, much bigger, but call your friends and say they have to call me back and tell me the arrival time” O. K?

Los llamo, ya en la entrada del aeropuerto, con Hamidi delante, no contestan, llamo a masai Manolo que me dice que los ha parado la policía un buen rato y que él ha tenido que llamar por teléfono a la policía para decir que son turistas y que han entrado en el barco a la carrera, llegan a las 14:30, pero Manolo se alegra de que yo esté contento con Hamidi, él lo recomendó, y, de pronto “Hombre, abu– dice Manolo agitado- yo nervioso toda la noche, yo te llamo anoche, tú no coges teléfono, yo no duerme, yo te dije salir por la noche Dar-es-Salam dos personas solas es peligroso, yo sé que tú sales y estoy nervioso toda noche“Te llamo ahora, masai, te llamo ahora, y te cuento” “Vale, pero yo estaba nervioso” “Poa, poa, (vale, vale) te llamo, Manolo”.

Le pago a Hamidi lo convenido por ayer y por hoy, no se pasa ni un pelo ni pide más de lo corriente, además, nos lleva las maletas hasta la misma cola de la entrada, me da una tarjeta profesional, le doy las gracias, nos aconseja que tomemos algo en el barito que hay aquí fuera, preferimos entrar ya y facturar los equipajes, nos da la mano con los tres gestos de rigor – de frente, con el dedo pulgar y otra vez de frente- “Have a good trip”, me dice, “I’ll send some spanish friends for you”… le contesto. Cuando ya se ha alejado unos pasos se vuelve y grita mirándome “Lionel Messi, Lionel Messi, Lionel Messi” y se ríe. “Hakuna matata”, me dice Celia, con cara de guasa.

Pasamos el control, descalzos, y después llamo a Manolo y le cuento que el hotel Tanzanita estaba muy bien, nuevecito y mucho mejor que el Rainbow, que sirven las cenas en la habitación, pero él insiste en que he salido y que no le cogí el teléfono y ha estado nervioso y cuando se entera de que ha muerto nuestro cuñado Ricardo y hemos tenido el teléfono ocupado se asombra, le cambia la voz, se entristece y me pasa después a Marta. Los dos, qué mala suerte, qué final de viaje, lo sentimos.

Cuando vamos a facturar a Qatar Airlines, la azafata nos dice que ha habido un error en Internet y que nuestro vuelo de las 14:30 no existe, es el de ls 18:30. Le muestro todos los datos de mi plan de vuelo y me enseña la hora de nuestro vuelo: las 18:30, la misma que la de nuestros amigos… podíamos haber esperado un día más en la playa de Kigwengwa, pero, con las noticias, mejor en Dar es Salam y con tiempo. Lo malo es que nos dice que no puede facturarnos hasta las 15:00 y en esa sala no hay nada, apenas cuatro asientos y hay seis ingleses más en la misma situación, dos nos sonríen y se acercan y nos mostramos mutuamente nuestras hojas erróneas, pero bien claras. Ayer el barco de Zanzíbar salió media hora antes, hoy hay un vuelo con dos horas diferentes. ¿África?

Me acerco a la señora de seguridad que nos ha cacheado y controlado el equipaje y le pido que me deje salir a comprar algo de comida y agua. Muy amable, me acompaña por el arco hasta el barito, un pequeño kiosco al lado de un gran anuncio de Vodafone y se va.

“Magi baridi, dafadali”, (agua fría, por favor) le digo a la que atiende, baridi, baridi, baridi, me dice y me cobra 2000 “chilings”, y entonces oigo una voz de chica al lado del kiosko, justo debajo del anuncio de Vodaphone “Dafadali, dafadali, please, help me, please, or I’ll get crazy” La chica blanca llora y hay un chico negro y también llora, cuando dice “I can’t stand losing you, nakupenda, nakupenda”- no soporto perderte, te quiero te quiero- y luego, cuando ve que ella llora y llora I’ll help you, my love, don’t cry, my love, don’t cry, nakupenda, nakupenda. I will write, I will write many books, I will earn money, then I go to live with you”

Los miro hipnotizado, pero están fuera del tiempo, entonces me doy cuenta de que la policía que me dejó salir no está y pienso, a ver si se ha ido y no me dejan pasar los otros, sin Celia, sin equipaje y sin pasaporte, y me voy a toda pastilla para adentro.

Cuando llego, Celia me dice nos van a facturar ya y subimos a la zona comercial. Los ingleses sonríen. Yo estoy emocionado, quiero saber si los precios de la tanzanita del aeropuerto son más o menos altos que los del mercado de Dar es Salam de ayer, beber una Serengeti de pura malta y comer mientras esperamos y, sobre todo, ahora tengo plena conciencia de que el poema, de alguna manera, se adelantó a la escena de los dos chicos. Además de que estoy todavía más que tocado por la escena, para mí hay algo que es muy importante: el don profético de la poesía.

Así que aquí la pongo ahora, tal como la escribí en Tanga, en la misma playa

Letras, lluvia y fuego

Contra la desgracia,
letras evanescentes como nubes.

Letras son tus lágrimas,
lluvia de verano para mis ojos ciegos,
exorcismos contra el veneno del tiempo
días, semanas, años,
letras abandonadas por las calles del mundo
que ahora arden al fuego de tu voz
y que yo cojo
y escribo para no perderte.

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