Por la magia del nombre. Sobre el libro de Mario Crespo “Cuento Kilómetros”

Debiera contar ca uno
Igual que en un libro abierto
Sus pasos en esta feria
Y según le fueran yendo

(Tangos del Piyayo, por José Menese)

Tres placeres. El correo a mi casa del pueblo, con noticias de un amigo. Un libro en el sobre. Un libro al límite, uno de esos libros tan vivos que uno no sabe su género, si es cuento o novela, autobiografía o ficción.

Así, de manos de mi entrañable amigo Julio, recibo lo más reciente de Mario Crespo, un libro de cuentos cortos, “Cuento Kilómetros” que también es una novela en la que el protagonista, Claudio Rivera, se convierte en narrador de varios cuentos y en el que también es personaje y narradora su novia María, y el narrador más auténtico también cuenta su historia y las historias de Claudio Rivera y su novia y es a su vez personaje de varios cuentos… y uno no sabe si todo esto son puras experiencias autobiográficas y vivencias del autor o pura ficción anclada en el entramado realista de los nombres de las ciudades, las calles, los lugares y todos los apuntes de vida cotidiana tan actuales que casi van marcando época.

Ese es el primer mérito del libro y es un mérito notable y difícil, un mérito cervantino y basta. Pero también es cervantina esa idea del desplazamiento espacial con personajes fijos que no se van deteniendo solamente en describir lo más llamativo de cada lugar sino el modo en que ellos mismos se lo apropian y, a la vez, son transformados por su magia evocadora.

De ahí el carácter mágico, invocador de la extensa relación de topónimos por los que desplaza la narración, nombres que sintetizan las connotaciones del lugar como experiencia, como límite, como bosque de los deseos, como atanor y cueva del misterio… Y al respecto me vienen a la memoria películas como “Thelma y Louise” o “Dos en la carretera” y también otros libros como “Lugares donde se calma el dolor”, de César Antonio Molina, “On the road”, de Jack Kerouac, “The dogs bark” , de Truman Capote,  el bellísimo poema de Yolanda Castaño “Mazás do Xardín de Tolstoi “o , finalmente, el “Proyecto Nocilla”, sobre todo el “Nocilla Lab” de Agustín Fernández Mallo.

Y “last but not least”, porque sin eso nada sería lo que es, está el estilo: directo, incisivo, conciso, preciso y poético, un estilo moderno, el estilo mariocrespo que dibuja con líneas muy puras y de trazo rápido una visión poliédrica de la realidad como un hilo de Ariadna en el laberinto.

 En fin, un hallazgo, un festín, y más si os gustan los viajes. Os lo cuento emocionado porque esta joya llegó a mi casa de manos de un amigo y por sorpresa.

Alabados los hados que  brindan amistad y literatura.

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