Hans Christian Andersen. Ole Cierraojos. Uno

 

Como homenaje al niño desamparado que fue Andersen y al genial cultivador de la fantasía popular en que se convirtió con su constancia y valor, van esta serie de cuentos bajo el título general de Ole Cierraojos. 

El cuento lo he cogido de http://www.pobladores.com/channels/aficiones_y_tiempo_libre/Worlds_End/area/23

 y se debe a una gentileza de Ingramlost; la portada del libro viene de la biblioteca Cervantes Virtual; y la foto final de Google

OLE CIERRAOJOS. LUNES
 
 
 -¡Escúchame con atención!- dijo Ole Cierraojos una noche después de haber llevado a Hjalmar a la cama-. Voy a adornarte un poco la habitación.
Y las plantas de los tiestos se conviertieron en árboles gigantescos, que extendían sus largas ramas hacia el techo y a lo largo de las paredes, de forma que la habitación parecía un jardín encantador, ya que las ramas estaban cubiertas de flores. Las flores eran más bonitas que las rosas. Olían tan bien, que el ambiente resultaba delicioso, y, si se las comía, sabían más dulce que la mermelada. Las frutas brillaban como el oro y había bollos rellenos de pasas. ¡Era extraordinario! Pero de pronto surgieron unos quejidos del cajón de la mesa donde estaban los libros de Hjalmar.
-¿Qué es eso?- dijo Ole Cierraojos.
Abrió el cajón. Era la pizarra, que tenía calambres, porque había un número mal en una suma y no estaba a gusto. El pizarrín daba saltos atado a su cuerda, como si fuera un perrito. Quería resolver la cuenta, pero no acertaba. También se oían los lamentos del cuaderno de caligrafía de Hjalmar. ¡Qué lástima daba oírle! En cada hoja, en columna, estaban todas las mayúsculas, cada una con sus minúsculas al lado. Eran el modelo de caligrafía, y seguidamente había escritas enfrente algunas letras que creían parecerse al modelo y que Hjalmar había escrito. Parecía que habían tropezado en la línea sobre la que tendrían que estar colocadas.
-¡Fijaos, debéis estar así!- dijo el modelo-. Así, a un lado, con más aire.
-¡Ay, eso querríamos nosotras!- dijeron las letras de Hjalmar-. ¡No podemos! ¡Nos sentimos muy débiles!
-En ese caso debéis tomar un reconstituyente- dijo Ole Cierraojos.
-¡Oh, no!- gritaron, y enseguida se pusieron tan firmes, que era una delicia.
-¡Si es así, esta noche no habrá cuentos!- dijo Ole Cierraojos-. ¡Haréis gimnasia! ¡Vamos! ¡Un-dos! ¡Un-dos!…
Y dio lecciones de gimnasia a las letras. Se pusieron tan fuertes y derechas que parecían las del modelo. Pero cuando Ole Cierraojos se fue y Hjalmar volvió a verlas por la mañana, otra vez las encontró tan torcidas como antes.
 
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