Hans Christian Anderse. Ole Cierraojos. Tres

Como homenaje al niño desamparado que fue Andersen y al genial cultivador de la fantasía popular en que se convirtió con su constancia y valor, van esta serie de cuentos bajo el título general de Ole Cierraojos. 

El cuento lo he cogido de http://www.pobladores.com/channels/aficiones_y_tiempo_libre/Worlds_End/area/23

 y se debe a una gentileza de Ingramlost; la portada del libro viene de la biblioteca Cervantes Virtual; y la foto final de Google

 
 
OLE CIERRAOJOS. MIÉRCOLES
 
 
¡Qué manera de llover en la calle! Hjalmar podía oir la lluvia mientras soñaba, y, cuando Ole Cierraojos abrió una ventana, el agua llegaba hasta el alféizar. Afuera había un verdadero mar, pero un barco espléndido se encontraba frente a la casa.
-¿Quieres navegar, pequeño Hjalmar?- preguntó Ole Cierraojos-. Podrás ir esta noche a países desconocidos y mañana estar de vuelta al amanecer.
Hjalmar se levantó a toda prisa y se vio vestido con el traje de los domingos a bordo de un barco maravilloso. Como el tiempo era propicio para navegar, el barco cruzó las calles, bordeó la iglesia y pronto se encontraron en alta mar. Navegaron tanto, que la tierra ya no se veía, aunque sí apareció una bandada de cigüeñas, que se iban del país a otras tierras más cálidas.
Iba una detrás de otra y ya habían hecho un largo camino. Una de ellas estaba tan cansada que apenas podía mover las alas. Era la última de la fila y pronto se rezagó más, hasta que al fin fue descendiendo cada vez más con las alas extendidas, dio un par de aletazos, pero fue en vano, rozó con sus patas los aparejos de la nave, resbaló por una vela y ¡plaf!, cayó sobre cubierta.
El grumete la cogió y la metió en el gallinero con las gallinas, los patos y el pavo. La pobre cigüeña se encontraba muy avergonzada entre ellos.
-¡Vaya bicho!- dijeron las gallinas.
El pavo se hinchó cuanto pudo y preguntó quién era, mientras los patos se echaron para atrás empujándose los unos contra los otros.
-¡Grazna, grazna!
Y la cigüeña habló de su cálida África, de las pirámides y del avestruz que corre por el desierto como un caballo salvaje. Los patos no entendían nada de lo que decía, y de nuevo se apretujaban entre sí.
-¿Verdad que todos estamos convencidos de que es tonta?- dijeron.
-´¡Sí, es tonta!- confirmó el pavo glogloteando.
La cigüeña se calló y se quedó pensando en África.
-¡Qué lindas y delgadas patas tiene usted!- dijo el pavo- ¿A cómo vende el metro?
-¡Cuá, cuá, cuá!- exclamaron los patos, pero la cigüeña se hizo la desentendida.
-¡Ríase- dijo el pavo-, pues tiene mucha gracia! ¿Acaso le resulta vulgar? ¡Qué poco sentido del humor! Tendremos que seguir divirtiéndonos solos.
Y las gallinas cacarearon y los patos movieron sus colas. Se divertían muchísimo.
Hjalmar fue al gallinero, abrió la puerta, llamó a la cigüeña, que le salió al encuentro. Había descansado y parecía inclinarse ante Hjalmar con un gesto de agradecimiento. Después abrió las alas y emprendió el vuelo hacia los países cálidos, mientras las gallinas cacarearon, los patos graznaron y al pavo se le subió la sangre a la cabeza.
-Mañana haremos la sopa con vosotros- les dijo Hjalmar.
Entonces se despertó y se encontró en su camita. Sin embargo, qué bonito viaje le había ofrecido aquella noche Ole Cierraojos.

 

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