Laporta. De monaguillo a president del Barça (i de Catalunya, nen)

POR UNA REDEFINICIÓN ACTUAL DEL TARTUFISMO


A todos los aficionados al fútbol nos gusta cómo juega el Barça y el equipo tan equilibrado que ha montado.

Su president, el "zeñó" Laporta, sin embargo, es un abogado peligroso, que antes de presidente del Barça fue fundador de un partido totalmente fracasado cuyo primer y único ideal era la independencia de Cataluña. Después ha actuado de monaguillo de todas la formaciones nacionalistas más o menos independentistas, a veces acudiendo a dos o tres misas de parroquias diferentes en el mismo día. Y por eso otra entrada de este blog se titulaba "Laporta monaguillo"

Entre los monaguillos, siempre había uno que era el más golfo y más listo, que se bebía el vino  y sacaba sus perrillas de los encargos del cura y además era el que tocaba las campanas; pero siempre había otro  gordito, algo torpón y con cara de bueno que era el que  le soltaba al cura el chivatazao de qué chica iba sin medias, a cuál había visto mirándose  con el novio o si el alcalde del pueblo tenía una querida. Este era peligroso de verdad y acababa chantajeando a todos. Con el paso de los años, varios de estos se convirtieron en el clásico beato, Tartufo y cínico, cual más cual menos aupado a algún puestecito socialmente relevante.

Y  este es el tipo de Laporta, un presidente del Barça que mueve hilos muy finos en la política y en las instituciones deportivas nacionales e internacionales, hilos  que le han dado unos éxitos, impresionantes para la mayoría, al amparo de los cuales se ha lanzado a surfear sobre la cresta de la ola independentista y ha revuelto fútbol y nacionalismo, de una manera vergonzosa para los tiempos que corren. Aunque hasta ahora la cosa le va de miedo, con beneficios mutuos para el fútbol y la nasiò.

En su práctica como presidente del Barça, resulta altamente aleccionador ver cómo este personaje pasa de hacer declaraciones  políticamente correctas, con una vocecita susurrante y llena de "seny", a proferir exabruptos, insultos y atropellos en la vida civil con cualquiera que le lleve la contraria (o tenga una peseta más que él). Y, no se lo pierdan, este va buscando oficiar en otra religión más provechosa aún que la del fútbol, la del nacionalismo. Y no se conforma si no va de sumo sacerdote

Si hubiera que redefinir la figura del Tartufo, retrato social de una época, en Laporta tendríamos un prototipo considerable del tartufismo actual, políticamente correcto y socialmente repugnante. Yo lo veo, aunque sea por la tele, y me santiguo y susurro ¡Visca Catalunya! Por si acaso

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