Medea en el Festival de teatro clásico de Mérida

Viajé con mi familia a Mérida para ver, como colofón a la 55ª edición del Festival de su Teatro clásico, esta Medea de Tomaz Pandur y Blanca Portillo – por mencionar solamente a dos entre todos los demás-  como si fuera a ver un partido de fútbol de Champions o una corrida con mi cartel preferido, con el pálpito de gran espectáculo que precede a los que vienen avalados por la calidad y profesionalidad de sus intérpretes.

Las expectativas se confirmaron a la alza, y asistí a una representación tan excepcional  que en mi memoria de espectador marca ya un hecho histórico:  dos horas y media de perfección milimétrica, dos horas y media de imaginación materializada en cada mínimo detalle de un montaje sencillo y envolvente,  dos horas y media de actuación colectiva tan absolutamente excepcional que ha llevado a los espectadores a una especie de inmersión profunda triple: en el universo mitológico de la Grecia clásica, en la vida cotidiana de Medea y Jasón y en nuestras propias emociones y sentimientos del s.XXITodos los espectadores asistimos con silencio tenso a la representación y al final estallamos en aplausos y bravos emocionados.

Hay que decir que me impresionó completamente la versión de la tragedia de Eurípides, la actuación de todos y cada uno de los intérpretes en cada momento de la representación, el espacio escénico, la coreografía, la música, el vestuario… No podría destacar nada en especial sin hacer referencia al resto, aunque quizás por singularidad,  magnetismo,  precisión y por su forma elemental, primaria  y absolutamente magistral de dar cuerpo a un personaje de quimera, el centauro Quirón, destacaría a Asier Etxeandía.

Pero, entren ustedes en el enlace del festival y lean la relación de intérpretes porque, lo repito, estamos ante un espectáculo de los que hacen historia,  desde luego en mi plano personal, como ya he dicho, pero creo no equivocarme si afirmo que también en el propio festival y en el conjunto de la escena española.

Finaliza así esta edición del Festival de Teatro de Mérida  que ha tenido una altura, en cuanto obras individuales y en el conjunto, difícil superar en ediciones venideras. Así que felicito y animo a la vez a Francisco Suárez Montaño y su equipo para que lo intenten y sigan llenando de ficciones y sueños verdaderos  las noches de verano en el marco incomparable del teatro romano de Mérida.

    

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