¿La voz de su amo o la búsqueda de la libertad de espíritus en Occidente?

Dedico esta entrada a mi gran amigo César Real Ramos, compañero de tantos viajes y caminatas, 
físicas y del espíritu
LA_VOZ_DE_SU_AMO
A diario, escucho la radio, veo la televisión y leo la prensa. Uno busca, en general, los programas más alejados de la vorágine y el vocerío de cualquier signo y, entre las emisiones y los artículos, elige aquellos que le parecen menos contaminados por el clientelismo o la fobia. Hay algunos periodistas que son como arco iris en medio de las tormentas o como luces en la oscuridad o como guías en los caminos… pero, en general, sin entrar siquiera en los contenidos, ¡qué duro es detectar entonaciones o fijarse en algunos gestos y posturas!
 
El miedo a los poderes establecidos- políticos, económicos, administrativos o criminales- es un sentimiento natural que lleva a ser mucho más papista que los papas y los popes. Esa vileza tan humana, que conduce a repetir una y otra vez lugares comunes en aras de la adulación o el premio, es el caldo de cultivo de todos los inmovilismos,  de todos los atrasos, de las mayores mentiras y, seguramente, de un porcentaje considerable de estrés, ansiedad y falta de higiene mental de los ciudadanos.
 
No creo, aunque pensadores ilustres han teorizado precisamente lo contrario, no creo, repito, que los medios de comunicación tengan por misión el embaucamiento colectivo. Es más, aunque fuera esa su misión, creo que los profesionales de esos medios deberían dar pasos al frente en otros sentidos, aunque solo sea en nombre  de su propia dignidad. Si eso no es así, me temo que estemos dando pasos de gigante hacia la parábola del Gran Hermano y otras peores.
 
Entonces, este texto de Nietzsche como recordatorio de lo contrario, precisamente, como recordatorio de nuestra pertenencia, intangible pero cierta, al reino de la libertad de pensamiento. 
 

Friedrich Nietzsche

(Alemania, 1844-1900)

Humano demasiado humano (fragmento)

"Quien ha alcanzado la libertad de la razón, aunque sólo sea en cierta medida, no puede menos que sentirse en la tierra como un caminante, pero un caminante que no se dirige hacia un punto de destino pues no lo hay.

 

Mirará, sin embargo, con ojos bien abiertos todo lo que pase realmente en el mundo; asimismo, no deberá atar a nada en particular el corazón con demasiada fuerza: es preciso que tenga también algo del vagabundo al que agrada cambiar de paisaje.

 

Sin duda ese hombre pasará malas noches, en las que, cansado como estará, hallará cerrada la puerta de la ciudad que había de darle cobijo; tal vez incluso como en oriente, el desierto llegue hasta esa puerta, los animales de presa dejen oír sus aullidos tan pronto lejos como cerca, se levante un fuerte viento, y unos ladrones le roben sus acémilas. Quizá entonces la terrible noche será para él otro desierto cayendo en el desierto y su corazón se sentirá cansado de viajar.

 

Y cuando se eleve el sol de la mañana, ardiente como un airado dios, y se abra la ciudad, puede que vea en los ojos de sus habitantes más desierto, más suciedad, mas bellaquería y más inseguridad aún que ante su puerta, por lo que el día será para él casi peor que la noche.

 

Es posible que a veces sea así la suerte de este caminante. Pero pronto llegan, en compensación, las deliciosas mañanas de otras comarcas y de otras jornadas, en las que desde los primeros resplandores del alba, ve pasar entre la niebla de la montaña a los coros de las musas que le rozan al danzar; más tarde, sereno, en el equilibrio del alma de la mañana antes del mediodía y mientras se pasee bajo los árboles, verá caer a sus pies desde sus copas y desde los verdes escondrijos de sus ramas una lluvia de cosas buenas y claras, como regalo de todos los espíritus libres que frecuentan el monte, el bosque y la soledad, y que son como él, con su forma de ser unas veces gozosa y otra meditabunda, caminantes y filósofos.

 

Nacidos de los misterios de la mañana temprana, piensan qué es lo que puede dar al día, entre la décima y la duodécima campanadas del reloj, una faz tan pura, tan llena de luz y de claridad serena y transfiguradora: buscan la filosofía de la mañana. "

 
 
Enlaces sobre libertad de prensa
 
 
 
 
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