Eugenio Fuentes en “Cuerpo a cuerpo”

eugenio fuentesLa primera vez que oí hablar de Eugenio Fuentes y sus novelas fue el curso pasado. Estaba tomando un café mañanero  con Suso Navas, él mismo personaje de novela que recuerda a muchos personajes  de novela y que hace de los días una narración continuada.

-"¿Tú conoces a Eugenio Fuentes?"-me dijo, como si estuviera diciendo "Desenfunda, forastero".

-"No, no lo conozco" le respondí, con el ademán de indiferencia del que sabe que hay mucho por leer y disimula malamente que le han pillado en un renuncio.

-" Pues yo he leído varias novelas suyas y… sí, sí…Además, se las he recomendado a una amiga mía azafata,   aficionada a la lectura y por su profesión gran lectora, y me ha dicho que es de lo mejorcito, de lo mejorcito del género".

Con posterioridad, me hablaron de él con entusiamo, siempre en la cafetería, varios colegas: Cruz, José Luis, Abilio, este último compañero de piso de Eugenio en sus años de estudiante.

Meses después, un mediodía de mayo en la plaza mayor de Cáceres, al acabar  una mañana de trámites burocráticos, merodeando distraídamente en una librería , me compré tres novelas de autor extremeño: "Cuerpo a Cuerpo", de Eugenio Fuentes; "La paradoja del interventor", de Gonzalo Hidalgo Bayal;  y "Hoy, Júpiter", de Luis Landero. Las compré como consuelo al fascismo de ventanilla propio de la burocracia española ( huele a pudding stalinofranquista que apesta) y luego resultaron auténticos manjares de verano.

La de Eugenio Fuentes me pareció una vuelta de tuerca sobre el argumento del cuento de Cortázar, "Las babas del diablo", que tan magistralmente llevó al cine Antonioni en su "Blow up".

La novela es una rara mezcla de oficio y sensibilidad y me parece dotada de varias características claves en una buena narración y sobre todo en este género:

  • es  muy visual
  • está escrita con  sensibilidad pero con tal tersura y depuración de estilo que todo parece cotidiano
  • los protagonistas son personajes normales, no hay malos perversos ni santurrones heroicos
  • un fino hilo de piedad, de compasión y afecto por los personajes  la dota de una dimensión ética

Por eso, con interés creciente, la narración te va adentrando desde el principio en las vidas de Samuel, de Marina- hija de un militar, el comandante Olmedo, encargado de desmantelar el cuartel de la ciudad- de Gabriela, de la clase militar y médica de la ciudad costera, y así vas siguiendo los razonamientos y las pistas del detective Ricardo Cupido, descreído y pacífico, y su ayudante Alkalino, y descubriendo lo mucho que ocultan tras las apariencias estos personajes y las tensas relaciones que establecen entre ellos, en una trama en la que, desde los compañeros de cuartel hasta el ex marido de Marina, todos tienen razones para ser sospechosos.  

Uno de los valores de esta novela es el retrato que se hace de una clase entera a través de la descripción de las vidas de los protagonistas, ninguno destacado en importancia sobre los demás, una clase media que el narrador define magistralmente:

[una clase] "no necesariamente conservadora" para la que  "el lujo no estaba en las joyas, ni en los vestidos, ni en frecuentar ambientes aristocráticos, ni en poseer fincas o fundar grandes empresas, ni en consolidar estirpes de apellidos con prestigio" [una clase]"escéptica y bienintencionada que con frecuencia había tenido descendencia en los últimos años de fertilidad de las mujeres y que no aspiraba a que sus hijos fueran héroes, ni hacendados, ni millonarios, ni genios, que tan sólo pretendía mantener su bienestar, que se conformaba con un futuro profesional para ellos similar al suyo, donde las incertidumbres, los conflictos y la inestabilidad mundial no los alcanzaran."

La novela, en fin, ilustra con una piedad encomiable el gran drama de la humanidad: cualquier persona corriente puede convertirse en un criminal. A mí me trajo a  la memoria las palabras de un asesino de 25 años quien, cuando lo visitaba como abogado defensor en la cárcel de Salamanca, me dijo, a modo de atenuante,  "no sabe usted lo fácil que es matar a un hombre". 

Como la cita de Shakespeare que abre el libro "Sabemos lo que somos pero no lo que podemos ser"

cuerpo a cuerpo

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