El presidente de Extremadura, los rancios, y el futuro

En el debate anual sobre el estado de la autonomía, Juan Carlos Rodríguez Ibarra da dos ideas con las que es difícil estar en desacuerdo.
 
Una es que  la búsqueda de legitimación de las nacionalidades actuales, en pasados más o menos remotos, es exactamente igual que la procura de alcurnia rancia de los antiguos hidalgos, muertos de hambre, improductivos y mezquinos pero orgullosos y engolados con su "nobleza de sangre", muchas veces falsa o traída por los pelos y, desde luego, alejada de la realidad y de la demanda social que  reclamaba, ayer y hoy, progreso,  orden y trabajo. Toda la literatura picaresca española está impregnada de ejemplos de ese tipo, como Ybarra bien sabe.
 
Otra es que Extremadura, en lugar de buscar esa  nacionalidad rancia, quisquillosa, mezquina  y halitosa, debe volver su mirada hacia el espíritu que impregna América, centrado en fructificar el presente y avanzar hacia el futuro.
 
Y es cierto, ese espíritu de pionero americano cala hondamente en el sentir de los extremeños, gente aguerrida y "echá p’alante" donde las haya, desde antiguo. Y es cierto también que ese espíritu positivo americano que se autoafirma por la acción es lo que hace falta a nuestra comunidad, siempre harta de palabrerío hueco y necesitada de cielos y horizontes de actividad.
 
Sin embargo, como decía Water Benjamin, nada cambia si no se conserva y nada se conserva si no cambia, y eso lo han entendido muy bien los americanos, que guardan como reliquias todo tipo de restos de su pasado, aún del más reciente- pequeñas escuelas de pioneros, poblados enteros, tipos de construcciones que han de atenerse a unas normas casi implícitas, enormes reservas naturales, barrios cosmopolitas europeizados y coquetos en medio de sus megalópolis- y, un poco más allá, en zonas apropiadas, levantan enormes edificios acristalados que reflejan el cielo y la voluntad y el deseo de los seres humanos, o trazan autopistas y vías de ferrocarril impresionantes.
 
Esa doble vertiente conservadora y de progreso también le hace falta a Extremadura, y también una llamada decidida por parte de las autoridades y de la sociedad entera para aunar ese espíritu aguerrido con la educación y la delicadeza necesaria para cuidar y mantener, para transformar y mejorar el enorme patrimonio humano, cultural y natural que ha llegado a nosotros como un río interminable, movido por la voluntad, el  esfuerzo y la propia sangre de nuestros mayores.
 
Ser de verdad progresistas consiste en ser suficientemente imaginativos para no tirar piedras contra nuestro propio tejado. Y dar un paso adelante, con todo el riesgo necesario para descubrir nuevos mundos en nuestra propia tierra, sin copiar ni seguir la rueda de otros.
 
Yo también admiro, alabo y corro de boca en boca las delicias del restaurante Atrio- seguramente, uno de los mejores del mundo- pero me gustaría verlo siendo un modelo de conservación y explotación en el corazón de la ciudad antigua de Cáceres. O bien como un edificio vanguardista en otro lugar de la ciudad.Seguramente, las plataformas ciudadanas tengan capacidad para aportar ideas al respecto.
 
Desde aquí le pido al presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra, cuya personalidad y carácter están fuera de duda, que en los casos particulares y en el ideal general tenga el temple necesario para aunar esas dos caras del progreso que tan bien llevan a la práctica los americanos, conservación y cambio.
 
Si es así, que Dios se lo premie. Y si no, que se lo demande.
Anuncios
Esta entrada fue publicada en Noticias y política. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s