El convento de El Palancar y la armonía del universo

Existen lugares y paisajes en el planeta que, nada más entrar en ellos, producen un efecto de serenidad en el ánimo del viajero, como si el individuo tomara conciencia de la armonía esencial del universo, de la misma manera  que ocurría, según Fray Luis de León, al escuchar la música extremada gobernada por la sabia mano de Salinas, el maestro ciego de la Universidad de Salamanca.

 

Monjes de diversas religiones han sido expertos en localizar tales lugares y realzar con su impronta -arquitectura, agricultura, ajardinamiento- esos elementos de armonía purificadora,perceptible para el espíritu humano a través de los sentidos físicos, con total plenitud pero sin exceso. Lugares donde la ecología más coherente o el Feng Shui más sutil pueden encontrar modelos y ejemplos. Metáforas físicas del Paraíso.

 

Es curioso, que la confluencia entre la energía natural del lugar y el suave pero firme  ejercicio de la cultura humana hayan alcanzado mayor perfección cuanto más ascética y austera haya sido la orden monacal que allí se ha asentado.

 

Eso es lo que ocurre en la provincia de Cáceres, término municipal de Pedroso de Acim, al lado de la N630, en el cruce que sale hacia Torrejoncillo,  con uno de estos lugares, uno  de los más sencillos y a la vez más armónicos que se pueden contemplar, el Convento de El Palancar, también llamado Nuestra Señora de la Concepción de El Palancar.

 

Convento fundado para la Orden de los Franciscanos Descalzos por S. Pedro de Alcántara – personalidad impresionante del s.XVI español, una de las cumbres de la espiritualidad española y universal de todos los tiempos- se halla situado en un enclave perfecto por su morfología, orientación y características naturales, lleno de alcornoques, abetos, fuentes de granito, setos y tiestos de suaves plantas olorosas,  “huerto” en el que la mano del hombre ha realizado un enorme ejercicio de constancia y tenacidad para hacer que su huella, sin embargo, sea casi imperceptible y conserve toda la armonía de la naturaleza.

 

Entrar en ese lugar y dedicar un rato a la contemplación es un ejercicio que mejora y armoniza la propia vida  frente el caos y la loca ambición del mundo. Ejercicio de serenidad, sosiego, salud y belleza al alcance de todas las edades.

 

Menos es más en este caso.

 

Y si se quiere disfrutar una comida selecta pero con elementos básicos, unos metros más abajo en dirección hacia el pueblo, el restaurante “Convento de El Palancar” es el lugar apropiado, con unas vistas magníficas sobre la llanura.

 

La fe es la primera raíz,
la esperanza es el báculo,
y la piedad el fin del camino de toda perfección.

S. Pedro de Alcántara

 

Fotos:

www.alextur.net, foto de la derecha

www.jaholgado.com foto de la izquierda

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